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Por cada diez parados que había en el país en el 2007, antes de la tormenta económica, ya se cuentan ahora 23. El acusado descenso del consumo ha conllevado el desplome en la producción de las empresas, que se ha recortado un 19% desde el 2007.
A comienzos del 2007, el producto interior bruto español crecía a un ritmo del 4%. En el tercer trimestre del 2009 cayó un 4% en tasa interanual. Estos ocho puntos de vértigo significan una grieta de 87.000 millones de euros en la riqueza nacional. Ni la OCDE, ni el Fondo Monetario Internacional, ni la Comisión Europea vislumbran que el país pueda abandonar la recesión hasta bien entrado el 2010.
La luz al final del túnel de la crisis se atisba, como muy pronto, en el 2011. Para entonces, la destrucción de la riqueza nacional superará los 120.000 millones de euros según los expertos. Es decir, dos veces el PIB gallego y casi once veces el actual Presuposto de la Xunta. Algo así como si Galicia anulase sus cuentas públicas durante más de un decenio.
La consecuencia directa e irremediable de esta secuencia fatal es una herida sangrante en el tejido laboral español de consecuencias todavía no medidas. De hecho, que España lidere el paro en Europa es el factor más crítico y también el principal obstáculo para saber con meridiana exactitud cuándo saldremos de la crisis y, sobre todo, a qué ritmo o con qué desfase real respecto a nuestros vecinos europeos.