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La actual recesión económica ha ocasionado un gran descontento en la población en contra de los ricos, políticos, banqueros, administradores de fondos e incluso inmigrantes.
Esta idea no es para nada nueva: Desde hace mucho, los ricos han sobornado a los políticos para garantizar negociaciones ventajosas, han ocultado parte de su dinero en paraísos fiscales y han manipulado a los legisladores para que las leyes fiscales sean promulgadas a su favor.
Es por ello que, en la actualidad, los críticos culpan a la clase adinerada del declive del sistema económico y responsabilizan a los gobiernos por haberles dado rienda suelta en un asunto tan delicado.
Para empezar, los ricos reestructuraron el capitalismo a su conveniencia. Los comerciantes y administradores de fondos recibían cuantiosas ganancias al especular con el dinero de terceros y cuando las negociaciones fracasaban les dejaban la deuda a las compañías, clientes y contribuyentes fiscales.
Al mantener el dinero en movimiento, este grupo privilegiado, amparado por las políticas monetarias, se enriquecía y, a la vez, fortalecía el sector financiero en sus economías.